Déborah
“Barac
le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no
fueres conmigo, no iré”
Jueces
4:8
Déborah era una mujer que amaba profundamente a Dios, y tenía una comunión muy íntima
con Él, pues era su profeta, además de gobernar a su pueblo, en ese tiempo, previo a la liberación del pueblo de Israel, de las manos del rey Jabín.
Su
nombre significa “abeja” siendo muy acertado para ella, pues era una mujer que
trabajaba mucho al servicio del pueblo y de Dios, además era muy inteligente y
segura de sí misma, para transmitir los mensajes proféticos, que tanto
necesitaban los israelitas.
Lo único que se sabe, sobre su vida privada era que
su esposo se llamaba Lapidot, que significa lámpara.[1] Deborah tenía claro el propósito de Dios para liberar a su pueblo y el cómo
hacerlo;
sabía que como mujer no era adecuado ir al campo de batalla al frente
del ejército, pero ante el pedido del guerrero Barac, no pudo negarse, sabiendo
que su presencia les aseguraba la voz de Dios,
además de dar animo a los
soldados y poder ofrecer consejo en el momento que lo requiriese.
El
liderazgo y la valentía de Deborah, le permitieron ser partícipe de una gran
batalla, siendo ella una de las protagonistas principales.
Todas nosotras llevamos
una gran Deborah interior. Aquella mujer que lucha de frente con las
adversidades, propias o de la familia.
Pero lo que no todas tenemos son las
cualidades que Deborah tenía, gracias a su comunicación diaria, íntima y atenta
con Dios. Porque en ocasiones nuestra comunicación puede ser diaria e íntima,
pero carece de toda la atención en los detalles, lo cual nos lleva a olvidar
fácilmente lo que Dios nos ha dicho o mostrado, con respecto a nuestra vida, la
de nuestra familia, nuestro papel en la iglesia y nuestro actuar como creyente
con el medio que nos rodea.
Las características de
las que hablo son aquellas que posee un buen líder. Teniendo claro que líder es
una persona que actúa como guía o jefe de un grupo y para que su liderazgo sea
efectivo, el resto de los integrantes debe reconocer sus capacidades.[2]
Cabe anotar que para nosotras, como mujeres creyentes y siervas de Dios, el
liderazgo de nuestras vidas lo tiene nuestro amado Dios, pero también es cierto que debemos ejercer un
liderazgo a nuestro alrededor, partiendo de nosotras mismas. Esto nos permitirá
crecer cada día y lograr el cumplimento de nuestros sueños, con la ayuda de
Dios.
¿Pero, cómo ejercer un buen liderazgo? ¿Cómo lograr impactar, de manera positiva, entre aquellos que nos rodean?
Los siguientes puntos son imprescindibles, para lograr resolver las preguntas anteriores:
1. Tener una visión a largo plazo.
2. Ser creativas.
3. No intimidarnos frente a las dificultades.
4. Ser entusiastas y tener una comunicación asertiva.
5. Ser convincentes y tener autoridad.
6. Ser honestas y tener palabra.
7. Ser coherentes de nuestra fe cristina y dar testimonio del amor de Dios.

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