domingo, 31 de mayo de 2015

Cambiar...¿Para qué?

Las mujeres somos expertas en hacer cambios: cambiamos el ropero, cambiamos de lugar los muebles, cambiamos, si nos toca, todos los días de bolso, de zapatos, de menú, de dietas, cambiamos las rutinas del gym; incluso cambiamos de cosméticos con cierta frecuencia, en fin, cambiamos lo que nos toca cambiar para vernos mejor. 
Pero, que difícil se nos hace cambiar aquello que no, nos permite crecer interiormente y nos escudamos simplemente en la frase: Yo soy así, no voy a cambiar. 

Que fácil sería, si cada una de nosotras hiciera cambios que permitieran mejorar, aquello que no estamos haciendo bien. Porque como seres humanos sabemos que podemos fallar y afectar negativamente nuestro entorno. 
Como mujeres profesionales, madres, esposas, amigas, miembros de una comunidad; tenemos la responsabilidad de dar cada día lo mejor, pero necesitamos trabajar interiormente  para que así sea.

¿Cómo saber lo que tengo que cambiar?

Primeramente ora y habla con Dios. Él te escucha y si tú, prestas atención,  le escucharas y podrás darte cuenta cuanto te ama y los planes tan hermosos que tiene para con cada una de nosotras. Lo más importante es nuestra relación con el Señor, esta debe ser íntima y llena de detalles para con Él. 
Sino es así, cambia. Que nuestra ofrenda de alabanza y adoración sea diaria, que vivamos en el amor que nos tiene y conforme a su voluntad, siempre listas a servirle de corazón.

Hay tres áreas que nos preocupan y en las cuales podemos estar fallando:

  • Nuestros hijos son el reflejo de lo que viven en el hogar. Observemos como es su desempeño en el colegio, como se relaciona con sus amigos, cuales son sus hobbies, que hace para superar sus obstáculos; en fin, evaluemos como estamos guiando  su vida y seamos objetivas, para aceptar aquello que no esta funcionando muy bien y cambiemos. Organicemos rutinas de estudio con ellos, revisemos sus redes sociales, practiquemos deportes en conjunto, promovamos más charla y menos regaños y por sobretodo fortalezcamos su vida espiritual.

  • Nuestros esposos,  necesitan una dos en uno (esposa y amiga) alegre, optimista, bonita, segura de si misma y amorosa. Estamos en está tónica o nos hemos vuelto cantaletas, negativas, exigentes y sin un poquito de amor y pasión? Piénsalo y si es así, cambia. No importa lo que tengas que hacer, cambia de actitud. Arréglate para esperarlo después del trabajo, aprende a reír con él, sal a caminar, sacrifícate y mira un partido por t.v, invítalo a cine, dialoga, perdona si te ha ofendido, enséñale a ser detallista, ora junto a él y ora por él;  valora el esposo que Dios te dio.

  • Nuestros trabajos deben ser de bendición. Trata de estar en un lugar donde te valoren como profesional; sirve en tu lugar de trabajo, como si lo hicieras para Dios. Habla bien de tu empleo, esfuérzate por ser mejor cada día y trata de hacer lo que más te gusta. Si sientes que tu trabajo es horrible, cambia. Busca uno nuevo, donde te sientas feliz, donde seas creativa y donde se te valore. O mejor aún, emprende tu propia empresa. Dios te dará la victoria.
Dios nos ama con nuestros defectos y virtudes; pero Él quiere que cada día seamos mejores y para esto debemos creer y crecer en nuestra fe. 

"Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas"                       Mateo 6.33

domingo, 17 de mayo de 2015

¡Mujeres felices!

Perdonar....te hace feliz.



"Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Y grande en misericordia para con todos los que te invocan."

Salmo 86:5 RVR

El señor Jesucristo, a punto de morir pidió perdón para aquellos insensatos que lo estaban crucificando;¿Imaginan ustedes el dolor físico y moral que sentía en ese momento? Él a punto de morir y solo pensaba en perdonar. Esto nos muestra cuan grande y valioso es el perdón, pero no para aquellos que nos han herido o nos han hecho daño; no, es valioso para nosotros. 
Las mujeres somos unos seres maravillosos, con grandes cualidades y fortalezas, pero también con fallas que en ocasiones  frenan las tantas bendiciones que Dios tiene para nosotras. Una de ellas es que no perdonamos fácilmente. Muchas veces nos escudamos en que ya hemos perdonado, pero no hemos olvidado. Y esto en la práctica, viene siendo lo mismo que no perdonar.
Jesús le enseñó a Pedro, que el perdón es un regalo que debemos dar, no una, sino muchas veces. En Mateo 18: 21-22 nos dice:

"21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete."

Así que debemos estar dispuestas a perdonar muchas veces y esto no quiere decir que seamos personas faltas de carácter, o que no enfrentemos nuestras luchas y a nuestros adversarios con dignidad y valentía.

Beneficios del perdón.

  • Salud: La paz que da el perdón, nos permite estar tranquilas. Los niveles de estrés bajan y podremos disfrutar de nuestras actividades cotidianas sin apuros, ni afanes. Además de lo anterior, el no tener rencor, favorece los niveles de la presión arterial y nuestro corazón funcionará de manera óptima.
  • Paz interior: Debemos guardar nuestro corazón de contiendas, pués de él, mana la vida. Filipenses 4: 6-7, nos exhorta a estar tranquilas y poner todas nuestras cargas delante del Señor, y así disfrutar de la paz que tanto anhelamos. 
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."  

La paz interior permite que,  nuestro semblante sea sereno, que nuestras palabras sean edificantes y cautas;  y que nuestras acciones siempre busquen ser consecuentes con la palabra de Dios.
  • Motivación y creatividad: Suena un tanto extraño, pero cuando perdonamos, es como si quitaramos un velo oscuro de nuestro ser. Al suceder esto, podemos darnos el lujo de crear nuevos planes para nuestra vida, y sentimos una real motivación a ser mejores seres humanos cada día, cualquiera que sea el área en que nos desempeñemos.
Al hablar de una real motivación me refiero a una motivación intrínseca, es decir, aquella que nace de uno mismo. Este tipo de motivación no busca resultados, sino que encuentra importante el proceso en sí. Es decir, al perdonar a alguien, no estoy buscando ser amiga o lograr algo material, estoy es dejando que el Espirítu Santo de Dios, actue en mi, permitiendo sentir el amor de Jesucristo por mis semejantes.

¡Seamos mujeres perdonadoras, mujeres felices, mujeres que impactan!

viernes, 1 de mayo de 2015

Una mujer, conforme al corazón de Dios...


En muchas ocasiones, queremos que Dios nos escuche y responda a nuestras peticiones, hechas a través de la oración; de forma rápida y de acuerdo a nuestros deseos. 
Pero, nos hemos preguntado si estamos en sintonía con nuestro amado Padre Celestial?, Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo, por agradarlo?, Somos seres humanos,  conforme al corazón de Dios?
Son preguntas muy complejas de responder, pero si cada día nos esforzamos por llegar a Dios con un corazón alabador, un corazón obediente, un corazón amoroso, un corazón agradecido y un corazón que sirve; estaremos logrando nuestra meta de acercarnos a Él y lo más importante, permanecer bajo su manto de bendición.

Un corazón que alaba y adora:
"Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. 

    Jehová Dios mío, te alabaré para siempre." Salmos 30:

"En aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños." Mateo 11:25

Nuestro deber como hijas de Dios, es alabarle y adorarle, en todo momento. No debemos callar nuestras alabanzas y nuestra adoración, porque nos permitirá crear lazos más fuertes con El Señor; nuestra relación será cada vez más intima y llena de amor lo cual nos llevará a tener plena confianza en Él y nuestra fe crecerá.
 Hasta Jesús alabó al Padre Celestial, él a pesar de ser su hijo, tenía muy claro que Dios, era el Señor de los cielos y la tierra. Lo anterior también nos muestra que el mantener un corazón alabador y adorador, nos convierte en  seres humildes que obedecen y sirven a Dios.

Un corazón obediente:
Que incline nuestro corazón hacia él, para que sigamos todos sus caminos y cumplamos los mandamientos, decretos y leyes que les dio a nuestros antepasados. 59 Y que día y noche el Señor tenga presente todo lo que le he suplicado, para que defienda la causa de este siervo suyo y la de su pueblo Israel, según la necesidad de cada día.
1 Reyes 8:58-59

Nada mejor que un corazón obediente. La palabra de Dios es clara, si obedecemos sus mandamientos, seremos bendecidas con la complacencia de nuestro amado Dios, recibiremos sus promesas y estaremos en bendición, no solo nosotras, sino aquellos quienes nos rodean. El ejemplo es el mejor método de enseñanza, y si nuestro ejemplo es de obediencia a las leyes de Dios, nuestra familia aprenderá de una forma natural a seguir los designios del Padre y a obedecer sus mandatos. 
Las que somos madres de familia, reconocemos lo placentero que es tener hijos obedientes, y que quede claro, que obediencia no es sinónimo de falta de opinión o de personalidad, al contrario cuando un hijo obedece, puede experimentar los favores nuestros, lo cual redunda en su beneficio personal.

Un corazón amoroso y agradecido :
"Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso."  1Cor 13:1-3

Podría seguir citando muchos versículos que hablan sobre el amor, pues esto es lo que vino a enseñar nuestro Señor Jesús;  pero los versículos anteriores resumen un poco el hecho de que sin amor no hay nada. Podemos saber mucho de la palabra de Dios, podemos servir, y tener fe, podemos dar todo a quienes lo necesiten, pero si no tenemos amor en el corazón; de nada sirve. Y no es amar a nuestra familia, no, eso sería super sencillo, es amar a nuestro prójimo sin importar quién sea. 
Lo cual significa que debemos crear espacios de tolerancia y de respeto en nuestras familias, por todas aquellas personas que de alguna manera son distintas a nosotros; ya sea por raza, sexo, religión o condición económica. Debemos ser ejemplo de brazos abiertos para quienes lo necesiten. Debemos llevar la palabra de Dios, como consuelo y aliento, a aquellos que pasen por momentos difíciles. Debemos educar a nuestros niños, creyendo en los derechos de otros. Debemos crear espacios de perdón y diálogo con aquellos que se equivocan. Debemos sembrar económicamente, en los más necesitados.Debemos celebrar el amor diariamente. Y algo a lo que nos lleva 
amar es ser agradecidas y nada más hermoso que un corazón agradecido a Dios. 

"Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre." Salmos 100:4

Un corazón que sirve a su prójimo:
Como mujeres estamos llamadas a servir, y no lo tomemos a mal. Hablo de un servicio de amor. Somos aquellas que llevamos los hilos de nuestro hogar, somos las que guiamos continuamente a nuestros hijos, las que acompañamos a nuestros esposos, somos amigas, hijas, profesionales; pero desde el lugar que ocupes en la sociedad estas liderando y sirviendo a tu prójimo, cuando escuchas, aconsejas, acompañas, instruyes, siembras, das ejemplo, luchas, en fin son tantas las formas de servir que me quedaria corto el espacio para nombrarlas.
Jesucristo es el mayor ejemplo de liderazgo y servicio que podemos tomar, Él nos enseñó que para ser lider, primero debes de servir.


Mateo 20:25-26
25 Jesús los llamó y les dijo:
—Como ustedes saben, los gobernantes de las *naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor.
Mateo 20:27-28
27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Para ser una mujer que impacta  en la vida de aquellos que nos rodean, debemos liderar a través de una comunicación asertiva, es decir de forma activa, amorosa y objetiva; y con obras que generen en su espacio bienestar y paz. Sin olvidar claro está, nuestro objetivo mayor, Ser una mujer conforme al corazón de Dios.