Las mujeres somos expertas en hacer cambios: cambiamos el ropero, cambiamos de lugar los muebles, cambiamos, si nos toca, todos los días de bolso, de zapatos, de menú, de dietas, cambiamos las rutinas del gym; incluso cambiamos de cosméticos con cierta frecuencia, en fin, cambiamos lo que nos toca cambiar para vernos mejor.
Pero, que difícil se nos hace cambiar aquello que no, nos permite crecer interiormente y nos escudamos simplemente en la frase: Yo soy así, no voy a cambiar.
Que fácil sería, si cada una de nosotras hiciera cambios que permitieran mejorar, aquello que no estamos haciendo bien. Porque como seres humanos sabemos que podemos fallar y afectar negativamente nuestro entorno.
Como mujeres profesionales, madres, esposas, amigas, miembros de una comunidad; tenemos la responsabilidad de dar cada día lo mejor, pero necesitamos trabajar interiormente para que así sea.
¿Cómo saber lo que tengo que cambiar?
Primeramente ora y habla con Dios. Él te escucha y si tú, prestas atención, le escucharas y podrás darte cuenta cuanto te ama y los planes tan hermosos que tiene para con cada una de nosotras. Lo más importante es nuestra relación con el Señor, esta debe ser íntima y llena de detalles para con Él.
Sino es así, cambia. Que nuestra ofrenda de alabanza y adoración sea diaria, que vivamos en el amor que nos tiene y conforme a su voluntad, siempre listas a servirle de corazón.
Hay tres áreas que nos preocupan y en las cuales podemos estar fallando:
- Nuestros hijos son el reflejo de lo que viven en el hogar. Observemos como es su desempeño en el colegio, como se relaciona con sus amigos, cuales son sus hobbies, que hace para superar sus obstáculos; en fin, evaluemos como estamos guiando su vida y seamos objetivas, para aceptar aquello que no esta funcionando muy bien y cambiemos. Organicemos rutinas de estudio con ellos, revisemos sus redes sociales, practiquemos deportes en conjunto, promovamos más charla y menos regaños y por sobretodo fortalezcamos su vida espiritual.
- Nuestros esposos, necesitan una dos en uno (esposa y amiga) alegre, optimista, bonita, segura de si misma y amorosa. Estamos en está tónica o nos hemos vuelto cantaletas, negativas, exigentes y sin un poquito de amor y pasión? Piénsalo y si es así, cambia. No importa lo que tengas que hacer, cambia de actitud. Arréglate para esperarlo después del trabajo, aprende a reír con él, sal a caminar, sacrifícate y mira un partido por t.v, invítalo a cine, dialoga, perdona si te ha ofendido, enséñale a ser detallista, ora junto a él y ora por él; valora el esposo que Dios te dio.
- Nuestros trabajos deben ser de bendición. Trata de estar en un lugar donde te valoren como profesional; sirve en tu lugar de trabajo, como si lo hicieras para Dios. Habla bien de tu empleo, esfuérzate por ser mejor cada día y trata de hacer lo que más te gusta. Si sientes que tu trabajo es horrible, cambia. Busca uno nuevo, donde te sientas feliz, donde seas creativa y donde se te valore. O mejor aún, emprende tu propia empresa. Dios te dará la victoria.
Dios nos ama con nuestros defectos y virtudes; pero Él quiere que cada día seamos mejores y para esto debemos creer y crecer en nuestra fe.
"Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" Mateo 6.33


.jpg)
