martes, 6 de febrero de 2018

¿Podemos conocer a Dios?

Conocer a Dios

Es muy distinto conocer datos o la vida de una persona en particular, a través de otros o de la lectura de su biografía; a conocerla  personalmente, a hablar con ella o a pasar tiempo con ella, lo que permitiría tener certeza de lo que esa persona es, lo que le gusta, sus metas, etc.
Así mismo es con Dios, muchas personas piensan que por que leen la biblia, memorizan versículos, asisten a los cultos sin falta, colaboran en el templo, diezman, etc; conocen a Dios y creen conocer la voluntad del Señor; pero esto es algo muy distinto a conocer realmente a Dios; y no me siento avergonzada de decirles que cada día debo esforzarme más por conocerle, llegar más a él; porque el Señor me conoce tan bien, pero tan bien, que a veces siento vergüenza de que a pesar de mis fallas y pecados, Él se preocupa por darme todo, pero todo es todo lo que yo quiero por capricho y por necesidad, pero soy consciente de que yo no le conozco lo suficiente, que debo ahondar en su amor por mí.
Para conocer a Dios hay que cumplir con varios requisitos:

1. Entender el sacrificio que Jesús hizo en la cruz por nosotros: su muerte pagó el precio por nuestros pecados. De lo contrario, nuestros pecados no nos permitirían el conocer a Dios.

Jesús no era pecador, pero murió como pecador 2 Cor 5:21, Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.
 En ese tiempo la ley de la muerte era para los pecadores, por eso Pablo dice:
(Gálatas 2:19) Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.  y todo los que creemos en Cristo somos incorporados a Él en su muerte, pero obviamente también a la nueva vida Romanos 6:3-11 ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? 4 Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder[a] del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.

5 En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. 6 Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; 7 porque el que muere queda liberado del pecado.

8 Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él. 9 Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. 10 En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.

11 De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

En este punto retomo el versículo 6; Es maravilloso darme cuenta como esa vieja mujer murió y con ella los pecados que me tenían prisionera mental y físicamente. Darme cuenta que podía ser libre y buscar una nueva vida sin cargas y sin miedos.
En Gálatas 2: 20 leemos que “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”

El viejo hombre o mujer ha muerto y si Cristo vive en mí, yo vivo por gracia.  Y pues sí,  tengo una vida aquí en la tierra con todas las vicisitudes y necesidades como cualquier ser humano, pero disfrutando de una vida interior en Cristo, con la certeza del amor que nos tiene, lo que se pone de manifiesto cuando Pablo dice que se entregó por su salvación

 2. Pero yo debo entender este sacrificio y recibirlo en mi corazón  Juan 1: 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios
  
El que Jesús fuese crucificado no salva automáticamente a nadie, sino a aquellos que se apropian, o que nos apropiamos por fe a la salvación que Dios ha puesto a disposición de todos aquellos que nos acerquemos con arrepentimiento y fe.
Aceptar a Jesús como nuestro Salvador personal es poner nuestra fe y confianza  en Él. Ninguno de nosotros es salvo por la fe de otros. Nadie es perdonado por hacer ciertas obras. El único camino para ser salvo, es aceptar personalmente a Jesús como nuestro Salvador, confiando en Su muerte como pago por mis pecados, y en Su resurrección como su garantía de la vida eterna
(Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

En muchas ocasiones, hay personas que conocen conceptualmente el    sacrificio que hizo el Señor Jesucristo, pero no le han recibido   genuinamente en el corazón, siguen viviendo una vida, con doble fondo; hoy día conocemos el testimonio de  Cristine D´Clario, quien cuenta a través de entrevistas y un libro, como ella a pesar de vivir una vida mundana en pos de  fama y reconocimiento, era la cabeza de un ministerio de alabanza, pensando incluso estar bien, pues aunque era pecadora Dios actuaba donde ella estaba, porque Dios obra donde Él dispone, sin importar quién este alrededor.

 3. Tener claro la afirmación que hace el Señor Jesús en Juan 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Jesús es el único camino de salvación porque es el único que puede pagar nuestra penalidad por el pecado (Romanos 6:23). Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Jesucristo vive en mi, y si vive en mi yo puedo ir al Padre Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí
 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

 4.  Estudiar y conocer la palabra de Dios. El Señor ha permitido que le conozcamos a través de sus palabras, es como cuando nos escribimos cartas o notas o emails con nuestro enamorado o esposo. Le conocemos tanto que ya sabemos las muletillas que usa, lo que quiere decirnos en el trasfondo; así es Dios con su palabra, nos muestra sus promesas y su voluntad.
Pero no se puede quedar solo en estudiarla, debemos entenderla, aplicarla y obedecerla; debemos ser fieles a ella.

 5.  Orar y adorar: Acaso fallamos en esto?, no creo, si de algo nos preciamos los creyentes es en que todos los días sin falta oramos y adoramos a Dios, a través de la alabanza; pero es necesario, que la oración y la adoración vayan de la mano con una fe inmensamente grande, acompañada de paciencia y comprensión, para cuando la voluntad de Dios sea distinta a nuestros deseos.

Beneficios de conocer a Dios
Paz
“Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios(2 Pedro 1:2)“. Cuanto más conoces a Dios, más en paz estarás. Seguro que habrá luchas y reveses, pero en medio de ello tendrás una sensación de bienestar porque podrás sentir su cercanía. El conocimiento de Dios es la base de nuestra salvación.
Sabiduría
La sabiduría es ver las cosas de la manera adecuada. La revelación es cuando Dios sobrepasa las limitaciones de nuestra mente y nos muestra cosas que de otra forma no sabríamos. En lugar de encontrar solución a los problemas de la vida sólo ocasionalmente, puedes caminar a diario en el “espíritu de sabiduría y revelación”.
“espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él“. (Efesios 1:17)
Bendiciones
Cuanto más conoces a Dios y obedeces su voluntad, más experimentarás sus bendiciones. Guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos” (Deuteronomio 4:40).
La bendición ya está, y es el conocer a Dios, el estar cerca de Él, el sentirlo, el tenerlo, el comunicarme con Él, saber que me ama, que murió por mí,  el saber que me conoce, que no me niega nada, que si le pido me da, que si le pido más….más me da.


*Recopilación y Reflexiones personales, posteriores a diversas lecturas.