viernes, 1 de mayo de 2015

Una mujer, conforme al corazón de Dios...


En muchas ocasiones, queremos que Dios nos escuche y responda a nuestras peticiones, hechas a través de la oración; de forma rápida y de acuerdo a nuestros deseos. 
Pero, nos hemos preguntado si estamos en sintonía con nuestro amado Padre Celestial?, Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo, por agradarlo?, Somos seres humanos,  conforme al corazón de Dios?
Son preguntas muy complejas de responder, pero si cada día nos esforzamos por llegar a Dios con un corazón alabador, un corazón obediente, un corazón amoroso, un corazón agradecido y un corazón que sirve; estaremos logrando nuestra meta de acercarnos a Él y lo más importante, permanecer bajo su manto de bendición.

Un corazón que alaba y adora:
"Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. 

    Jehová Dios mío, te alabaré para siempre." Salmos 30:

"En aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños." Mateo 11:25

Nuestro deber como hijas de Dios, es alabarle y adorarle, en todo momento. No debemos callar nuestras alabanzas y nuestra adoración, porque nos permitirá crear lazos más fuertes con El Señor; nuestra relación será cada vez más intima y llena de amor lo cual nos llevará a tener plena confianza en Él y nuestra fe crecerá.
 Hasta Jesús alabó al Padre Celestial, él a pesar de ser su hijo, tenía muy claro que Dios, era el Señor de los cielos y la tierra. Lo anterior también nos muestra que el mantener un corazón alabador y adorador, nos convierte en  seres humildes que obedecen y sirven a Dios.

Un corazón obediente:
Que incline nuestro corazón hacia él, para que sigamos todos sus caminos y cumplamos los mandamientos, decretos y leyes que les dio a nuestros antepasados. 59 Y que día y noche el Señor tenga presente todo lo que le he suplicado, para que defienda la causa de este siervo suyo y la de su pueblo Israel, según la necesidad de cada día.
1 Reyes 8:58-59

Nada mejor que un corazón obediente. La palabra de Dios es clara, si obedecemos sus mandamientos, seremos bendecidas con la complacencia de nuestro amado Dios, recibiremos sus promesas y estaremos en bendición, no solo nosotras, sino aquellos quienes nos rodean. El ejemplo es el mejor método de enseñanza, y si nuestro ejemplo es de obediencia a las leyes de Dios, nuestra familia aprenderá de una forma natural a seguir los designios del Padre y a obedecer sus mandatos. 
Las que somos madres de familia, reconocemos lo placentero que es tener hijos obedientes, y que quede claro, que obediencia no es sinónimo de falta de opinión o de personalidad, al contrario cuando un hijo obedece, puede experimentar los favores nuestros, lo cual redunda en su beneficio personal.

Un corazón amoroso y agradecido :
"Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso."  1Cor 13:1-3

Podría seguir citando muchos versículos que hablan sobre el amor, pues esto es lo que vino a enseñar nuestro Señor Jesús;  pero los versículos anteriores resumen un poco el hecho de que sin amor no hay nada. Podemos saber mucho de la palabra de Dios, podemos servir, y tener fe, podemos dar todo a quienes lo necesiten, pero si no tenemos amor en el corazón; de nada sirve. Y no es amar a nuestra familia, no, eso sería super sencillo, es amar a nuestro prójimo sin importar quién sea. 
Lo cual significa que debemos crear espacios de tolerancia y de respeto en nuestras familias, por todas aquellas personas que de alguna manera son distintas a nosotros; ya sea por raza, sexo, religión o condición económica. Debemos ser ejemplo de brazos abiertos para quienes lo necesiten. Debemos llevar la palabra de Dios, como consuelo y aliento, a aquellos que pasen por momentos difíciles. Debemos educar a nuestros niños, creyendo en los derechos de otros. Debemos crear espacios de perdón y diálogo con aquellos que se equivocan. Debemos sembrar económicamente, en los más necesitados.Debemos celebrar el amor diariamente. Y algo a lo que nos lleva 
amar es ser agradecidas y nada más hermoso que un corazón agradecido a Dios. 

"Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre." Salmos 100:4

Un corazón que sirve a su prójimo:
Como mujeres estamos llamadas a servir, y no lo tomemos a mal. Hablo de un servicio de amor. Somos aquellas que llevamos los hilos de nuestro hogar, somos las que guiamos continuamente a nuestros hijos, las que acompañamos a nuestros esposos, somos amigas, hijas, profesionales; pero desde el lugar que ocupes en la sociedad estas liderando y sirviendo a tu prójimo, cuando escuchas, aconsejas, acompañas, instruyes, siembras, das ejemplo, luchas, en fin son tantas las formas de servir que me quedaria corto el espacio para nombrarlas.
Jesucristo es el mayor ejemplo de liderazgo y servicio que podemos tomar, Él nos enseñó que para ser lider, primero debes de servir.


Mateo 20:25-26
25 Jesús los llamó y les dijo:
—Como ustedes saben, los gobernantes de las *naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor.
Mateo 20:27-28
27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Para ser una mujer que impacta  en la vida de aquellos que nos rodean, debemos liderar a través de una comunicación asertiva, es decir de forma activa, amorosa y objetiva; y con obras que generen en su espacio bienestar y paz. Sin olvidar claro está, nuestro objetivo mayor, Ser una mujer conforme al corazón de Dios.





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