martes, 2 de enero de 2018

¡¡¡ 2018 !!!


Iniciar un nuevo año, es algo fantástico; porque Dios nos ha dado la oportunidad de comenzar un periodo de tiempo que, seguramente llegará con grandes y maravillosas sorpresas. Cada año, nos hacemos muchas promesas de cambios, de inicios y de propósitos. Algunos se cumplen y otros no; pero lo más importante es que intentamos cumplir con todo lo propuesto en nuestro corazón, dando lo mejor, y teniendo la certeza de que Dios siempre está con nosotras para levantarnos, ayudarnos y acompañarnos en todos nuestros momentos de alegría o confusión.

 Génesis 1:1, nos muestra que toda la maravillosa creación de Dios tuvo un principio, y estoy segura que en el corazón del buen Dios, hubo antes, un hermoso plan para con todo. Si leemos con detenimiento el primer capítulo, podemos darnos cuenta que el Señor en su infinita sabiduría, comenzó de lo general a lo particular, organizando primero la base de todo lo que habría de crear. Lo anterior, además del trasfondo espiritual, tiene la intención de enseñarnos a ser buenas planificadoras, como Él.
Es decir, necesitamos hacer un plan de acción, que nos lleve a la consecución de nuestras metas este 2018. Para esto debemos tener claro, que es lo nuevo que queremos alcanzar, que proyectos de nuestro plan de vida debemos  afianzar y que queremos cambiar.

Las metas nuevas son aquellas que recién se instalan en nuestros pensamientos y corazones, son aquellos proyectos con los que hemos soñado y no hemos podido realizar, en cualquier área de nuestra vida personal, profesional, espiritual o emocional. Los propósitos que queremos afianzar, son las acciones que hemos estado desarrollando desde un tiempo atrás, y que aunque van por buen camino, necesitan continuar mejorando. Finalmente, están aquellas actitudes o proyectos que por falta de proyección o porque simplemente no han traído paz y bienestar a nuestra vida, deben ser modificados totalmente.
Escribamos específicamente que objetivo tenemos, en que tiempo queremos lograrlo, que necesitamos para hacerlo, que acciones debemos llevar a cabo  y lo más importante; orar, para poner en manos de Dios lo planeado y lograr, si es su voluntad, su bendición.

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